El euro y la pyme, una relación de 20 años


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Daniel Hernández | Madrid

14 de diciembre de 2015


¿Alguien se acuerda de los García? Esa familia de muñecos de plastilina nos decía en las pausas publicitarias que nos fuésemos acostumbrando a la nueva moneda, el euro. Sus spots estaban destinados a paliar el shock que puede producir un cambio de divisa a una sociedad. Una familia para hacer familiar al euro. No había cuestiones macroeconómicas, ni micro.

En uno de esos anuncios aparecía una pyme, la frutería “Tomatito”, un lugar que cumplía “como exigen los clientes” con la cuestión de poner los precios en pesetas y euros. “Como debe de ser”, una frase puesta por los guionistas en la boca del abuelo de forma muy acertada. Quizá lo que choca más es que el nieto punky, si, el cliché del antisistema, se preocupe por él y diga “pues algunos ya pueden darse prisa”.

La escena era premonitoria. No indicar los precios en ambas monedas ayudaba a disimular el redondeo al alza, aunque hacer lo contrario no lo impidiese. Es algo real, que sucedió. En la frutería Tomatito y en muchas otras pymes. Pero esto no esconde que era injusto que el papel de la pequeña y la mediana empresa se redujese en toda una campaña publicitaria del euro a esto.

Recientemente el euro ha cumplido 20 años. Fue un 16 de diciembre de 1995 cuando los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, reunidos en Madrid, los que bautizaron así a la futura moneda única. La idea era encontrar un vocablo que se pronunciase más o menos igual en todas las lenguas del continente “teniendo en cuenta la existencia de distintos alfabetos”, como dice el acta de aquella reunión.

Muchos recordarán una unidad monetaria llamada ECU, que parecía estar destinada a ser la futura moneda única. Mientras existió no fue más que una unidad de cuenta del Sistema Monetario Europeo, es decir, una cesta de monedas ya existentes para realizar distintas operaciones financieras a nivel comunitario. Pero aquél Ecu nacía muerto para el papel de divisa de todos los europeos precisamente por el nombre. En una ocasión el entonces canciller germano, Helmut Kohl dijo que ECU se parecía mucho a la construcción Ein Kuh, literalmente “una vaca” en alemán y claro, sus nacionales no querían pagar con vacas.

La cotización

El euro ha tenido sus vaivenes respecto al dólar. Su mínimo histórico lo marcó antes de cumplir los dos años de vida en los mercados de divisas. El 26 de octubre de 2000 un dolar valía 0,825 euros. El máximo llegó cuando ya había estallado la crisis que aún hoy vivimos. El 15 de julio de 2008 el cambio estaba en 1,6 dólares.

En los primeros compases de la gran recesión el euro continuó estando fuerte. Al otro lado del Alántico había políticas expansivas por parte de la FED, es decir, se enchufó la máquina de imprimir dinero, y eso conllevó la debilidad del dólar. Desde 2012 con aquél “what ever it takes” de Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, fue el euro el que comenzó a debilitarse. Pero fue con la política expansiva, es decir, con los planes de compra de deuda del BCE con los que el euro hizo un viaje hasta la paridad.

Pros y contras para las pymes

Con la puesta en marcha del euro se abrió para las empresas españolas un mercado único con más de una decena de países en el que se podía vender productos sin riesgos cambiarios. Al principio de la recesión fue el destino natural del empuje exportador español. Pero en los otros países comunitarios también había recesión y dificultades. Por eso había que ir más allá.

La depreciación abarata los productos sin hacer nada, pero ha coincidido casi con el inicio de crisis de países que se habían puesto de moda. Hablamos de Brasil o China, que han hecho temblar a los mercados desde el verano pasado. De ahí que, con cierta recuperación, la Unión Europea haya vuelto a ganar peso en las exportaciones.

Toda pérdida de valor tiene su parte buena y su parte mala para las pymes. Aquellas medianas industriales que compran bienes de equipo al extranjero ven un incremento en sus inversiones. Esto hace que la planificación de pagos tenga que ser más minuciosa, y no siempre todas las pymes tienen esa capacidad.

Un euro más débil frente al dólar encarece directamente el petróleo, una fuente de la que dependemos. Sin embargo el efecto se ha visto atenuado o incluso anulado por los bajos precios que está marcando el crudo en los últimos meses.

Lo que nos espera en 2016

Draghi tiene encendida la máquina de fabricar dinero y al otro lado del Atlántico la tienen al ralentí. Políticas opuestas que harían pensar que el dólar cogerá fuerza sobre el euro. Sin embargo Saxo Bank, que publica anualmente sus “Cisnes Negros”, predice que el euro/dólar podría llegar a los 1,23. Dice que Europa acumula un superávit por cuenta corriente masivo, es decir, exporta más de lo que importa, y eso es lo que hace que la moneda única se vaya a ese nivel en su cruce con el billete verde. “La carrera hasta el fondo ha cerrado el círculo, lo que significa que regresamos de nuevo hacia un dólar más débil como resultado directo de la política de tipos de interés en Estados Unidos”.

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