“La empresa te pregunta cómo lo haces pero no te ofrece un contrato”


Daniel Hernández | Madrid


NIEVES-CUBO-458x280Última entrega de las entrevistas a ponentes del evento de economía colaborativa Zinc Shower. Esta vez la conversación nos sirve para ilustrar las limitaciones del sector privado en los avances científicos. Nieves Cubo  es ingeniera industrial y máster de Ciencia e Ingeniería de Materiales. Desde su grupo de investigación de la Universidad Carlos III de Madrid ha conseguido imprimir piel con una impresora 3D. Su avance sigue un camino legal que incluye ensayos clínicos que pueden durar hasta una década. El invento llegará, casi con total seguridad, a nuestras vidas y el inventor seguirá a lo suyo y a lo que no es tan suyo, como es casi mendigar para conseguir financiación. En el caso de Nieves Cubo todo empezó con una sencilla impresora 3D “normal” a la que bautizó como Wendy…

¿Sigue Wendy contigo?

Sí, es una impresora que construí, pero es normal, no es de tejido. Con eso ha habido controversia.

Pero, casi más como un objeto al que le guardas cariño, continúa a tu lado…

Sí. Sigue conmigo y la sigo utilizando.

¿Cómo pasaste de construir una impresora 3D a pensar en imprimir piel?

Porque cuando fui a hacer el máster en la universidad, el departamento de Ingeniería me dijo que tenían un proceso muy manual para construir esos tejidos y que les gustaría poder automatizarlo. Entonces como yo hacía impresoras, pues llegamos a la conclusión de que podríamos hacer una impresora para llegar a ese fin.

¿Qué usos tiene la impresión de piel?

Lo primero que consigues es estandarizar el proceso. Además aumentas la capacidad de producción y ya podrías estar dentro de unos estándares de calidad que estarían dentro del sistema médico.

¿Cuándo podremos ver este avance en los hospitales?

El método de hacer piel a mano se usa desde hace diez años en el hospital de Oviedo. Lo malo es que para volver a introducirlo ahora con la impresora tiene que pasar por toda aceptación clínica. Entonces todavía no se usa en hospitales, pero ya tiene que estar en fase final.

¿De cuánto tiempo podríamos estar hablando?

Es difícil de saber porque como tienen que pasar todo el ciclo como si fuese un medicamento, pues depende de la financiación y ensayos clínicos, si los resultados son positivos o no… Normalmente se tarda entre 9 y 10 años hasta que sale al mercado. Yo supongo que algo así.

¿Quién se ha interesado por vuestra investigación?

El año pasado una empresa se interesó en financiarlo. Ahora mismo están desarrollando un sistema que cumpla con la normativa médica.

¿Cuáles han sido las mayores dificultades?

Más que la parte tecnológica, la parte biológica. La parte de unir las células con los materiales y que acabe teniendo la consistencia adecuada.

Para otro proyecto, dirigido a la prevención de enfermedades con materiales antimicrobianos, hicisteis una campaña de crowdfunding. Pedíais entre 1.650 y 3.000 euros. ¿De verdad la universidad no tenía ese dinero?

A veces no es fácil destinar el dinero para los proyectos que tú quieres, porque estás muy limitado. Si te conceden dinero para un proyecto, no puedes salirte mucho del presupuesto, y si se te ocurre alguna otra aplicación, no puedes sacar fondos de ese proyecto. Entonces como esto surgió como algo paralelo, pues no había dinero.

¿Y qué hay de la inversión privada?

En investigación siempre es difícil, porque o eres un grupo muy fuerte y hay alguien muy dispuesto a poner dinero o sino es complicado. El problema está en los 9 o 10 años que se tarda en completar todo el proceso. Piensa que para una empresa es muy arriesgado poner dinero en un proyecto que no sabes si va a llegar a buen fin.

Cuando la empresa estuvo interesada en licenciar la impresora yo estaba fuera del proyecto, entonces no sé muy bien cómo han seguido con la financiación. Pero hasta ese momento era complicado por lo que te comento. Había interés, les parecía novedoso, pero nadie quería arriesgarse.

¿Has tenido propuestas de empresas?

Más o menos [ríe]. Sí que han contactado conmigo para ver si les podía decir cosas, pero no de cara a contratarme.

Eso no es precisamente una propuesta.

Eso es. Es más bien “¿nos puedes decir cómo lo haces?”, pero no vienen con un contrato.

¿Y qué haces?

Ahora mismo estoy buscando financiación para continuar con la investigación y estoy buscando becas estatales, de fundaciones. Estoy esperando a que salgan las resoluciones. Pero bueno, es un poco frustrante.

¿Qué aplicaciones podremos ver en el futuro en el ámbito sanitario?

Sobre todo la impresión de hueso. Eso va a ser lo primero porque hay muchos grupos trabajando en ello. Además como en Estados Unidos no tienen que pasar tantos controles para que llegue al mercado…

Sobre la impresión 3D se ha dicho mucho, ha sido un boom tan repentino que seguro que se han escrito muchas tonterías, ¿tan próximo está eso de imprimir órganos?

Hace años el grupo de Anthony Atala llegó a implantar vejigas en pacientes y tuvieron que retirarlas porque fallaron. Cuando dicen que es algo que ya está aquí, ni de lejos es cierto. Porque ahora estamos intentando desarrollar tejidos sencillos, imagínate con un órgano, con su estructura y la cantidad de células que tiene. De aquí a varios años estaremos con los tejidos simples y después ya se hablará de órganos.

Vas a estar en el Zinc Shower ¿de qué vas a hablar allí?

Allí lo que realizaré es un taller, que tendrá una duración de dos horas, donde explicaré qué es la bioimpresión, que entiendan cómo funcionan… y explicaré cómo se convierte una impresora normal en una para procesar células…

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