¿Qué tienen que ver Napoleón y Enrique II de Inglaterra con una Pyme?


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Daniel Hernández | Madrid

20 de febrero de 2015


A veces hacemos cosas tan cotidianas que no nos paramos a pensar en su origen. ¿Quién le iba a decir al propietario de una pequeña o mediana empresa que su suerte a la hora de exportar aquí o allá dependería de lo que hicieron hace muchos, muchos años Enrique II de Inglaterra o Napoleón? El primero, que lleva bajo tierra 826 años, puso las bases para extender el common law, el derecho consuetudinario que luego se extendió por las colonias del Reino Unido. Bajo el gobierno del otro, cuyo cuerpo sólo cuenta 194 años de descomposición, se redactó un código civil del que han bebido muchos otros, como el español, y que forma parte del civil law.

Imaginemos que nuestro empresario exportador duda entre ir a Perú o a los Estados Unidos, el uno con derecho continental (puesto que bebe del derecho español) y el otro con derecho anglosajón. Imaginemos que este empresario elige Perú y que además es cliente de Rafael Truan, abogado y director de Internacional de Cortizo Abogados. “Su objetivo era Perú y todos estaban contentos porque todo se entendía, se sabía como constituir la empresa, los principios generales de licitación, pero resultó ser todo equivocado”, dice Cortizo. “Pensamos que porque en Perú exista una legislación que bebe de nuestras fuentes podría resultarnos más fácil penetrar en ese mercado”. Lo han adivinado, este abogado es más de Enrique II.

Muchas veces no se presta demasiada atención al marco jurídico y este puede ser causa del fin de una aventura exportadora.

Según el Fraser Institute, un think tank liberal canadiense, hay que observar cinco aspectos antes de exportar: el tamaño del Estado, su sistema jurídico, la política monetaria, la libertad de comercio internacional y la regulación del mercado laboral, crediticio y comercial. Truan se fija en el segundo punto, “no es que los demás no sean importantes”, matiza, pero a veces se presta muy poca atención al sistema jurídico del país y eso “puede desbaratar muchos planes e incluso terminar con la aventura”. Para el abogado el derecho anglosajón, pese a ser muy diferente al nuestro, ofrece “facilidad en la composición y constitución de la sociedad filial”, y además los contratos son más claros, y ahí parece estar la clave. “En los países bajo common law lo que esté en el contrato es lo que va a regir y no habrá ninguna sorpresa, así que cuando exista algún problema habrá que acudir al contrato y no a la ley”. Esa certidumbre hace que no aparezcan normas que no se conocían y luego “compliquen las cosas”, como sí ocurre en nuestro derecho.

DOS SISTEMAS MUY DISTINTOS

COMMON LAW (derecho anglosajón)

  •  No suele existir una constitución escrita o leyes codificadas
  • Las decisiones judiciales son forzosas
  • Gran libertad en los contratos
  • Todo está permitido si no lo prohíbe la ley

CIVIL LAW (derecho continental)

  • Suele existir una constitución escrita que consagra derechos y responsabilidades básicas
  • Tribunales específicos
  • Menor libertad en los contratos. Puede haber por ley provisiones implícitas dentro del contrato.

Los mercados emergentes están de moda, aunque, según la ponencia que ofreció este abogado en el Salón Mi Empresa 2015, no se trata tanto de eso. India, por ejemplo es un mercado emergente pero con un sistema legal anglosajón, apuntó Truan.

Las pymes tienen menos capacidad para aguantar la incertidumbre regulatoria.

El abogado resalta por último las garantías jurídicas. Son importantes los mecanismos legales para ejecutar los contratos. Según Truan estos “se redactan en la misma manera que los abogados y jueces trabajan, argumentan y razonan”. En definitiva “los países con leyes anglosajonas o con fuerte influencia de estas son más dinámicos, eficaces y otorgan más garantías jurídicas que los basados en nuestro derecho civil”.

La certidumbre regulatoria es un término que debe entrar sí o sí en el diccionario de una pyme porque “el tamaño influye” a la hora de elegir uno u otro marco regulatorio “por la menor capacidad que puedan tener pequeñas y medianas de sortear los obstáculos” e imprevistos que se presentan en otros sistemas. Así que las pymes “se pueden encontrar más cómodas – dice Truan – en los países anglosajones”.

Quizá el problema esté en que la lista de países se quede algo corta. Esa batalla sí la ganó Napoleón, quién ya apuntaba maneras: “la victoria pertenece al más perseverante”, dijo un día.

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