La seguridad, una de las asignaturas pendientes de los viajes de empresa


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Sandra de Miguel | Madrid


¿Cómo gestionan las empresas españolas los viajes corporativos? Un reciente estudio asegura que el 55% de las compañías analizadas deben mejorar en materia de seguridad, además de adaptarse mejor a los nuevos escenarios y a la realidad de la internacionalización de las empresas españolas.

Son algunas de las conclusiones que refleja el I Estudio “Gestión y seguridad en los viajes de empresa en España”, presentado por GEBTA España y realizado con la colaboración de Aon y Healix. Entre las principales cuestiones de este informe está la necesidad de que las empresas dispongan de políticas de viajes claras y adaptadas a los actuales escenarios, en materia de seguridad y asistencia, teniendo en cuenta tanto el dinamismo de los mercados como el nivel de internacionalización de las compañías españolas, así como de un contexto global más inestable. Unas medidas que, según este informe, también deben ser tenidas muy en cuenta debido a las implicaciones legales que suponen, ya que deben de proteger a sus empleados cuando estos trabajan, residen o viajan al extranjero por motivos laborales. Incorporar medidas que mejoren las seguridad en este campo minimizarán las posibles incidencias en los desplazamientos y evitarán gastos derivados de indemnizaciones, reclamaciones o sanciones de tipo legal.

Los viajes de negocio son una actividad que tienen impacto prácticamente en todas las áreas de las organizaciones. En el caso de las empresas españolas la responsabilidad última en materia de políticas de viajes ha recaído, en los últimos años, principalmente en los departamentos de finanzas y de compras, que han aportado a las políticas corporativas un claro sesgo económico, asociado fundamentalmente a la obtención de ahorros. Entre otros aspectos, el estudio ha evaluado en qué medida la concentración de la gestión de los viajes de empresa en determinadas áreas económicas impulsada por la crisis, que en España representaría de media más del 40%, ha desplazado la influencia a los departamentos de RR.HH., y en su caso, qué consecuencias ha podido comportar para la seguridad y asistencia en los viajes de los empleados. El Estudio recoge los resultados obtenidos a partir de una muestra representativa de pequeñas, medianas y grandes empresas españolas, en concreto se han analizado más de 100. Entre los datos que han puesto sobre la mesa se observa que el 61% de las empresas no tiene un sistema de alertas actualizado para detectar problemas del empleado en el territorio que se encuentre, que solamente el 41% contemplan en su política de seguridad la posibilidad de repatriar a los trabajadores y, que el 54% de las empresas no disponen de planes de crisis ni de emergencia ante accidentes, secuestros o fallecimientos de sus trabajadores.

Con estos resultados como base, desde GEBTA consideran que existen áreas de mejora con el propósito de incorporar en la política de viajes un conjunto de normas y protocolos de seguridad, que las empresas deben revisar y actualizar periódicamente y en cuya elaboración y diseño resulta recomendable la intervención de los Departamentos de RR.HH. Entre las áreas de mejora, destacan la necesidad de ampliar el conocimiento del alcance y consecuencias del deber de protección de los viajeros, por parte del empleador, el aseguramiento de la trazabilidad de los viajeros, vinculada con la creciente movilidad y complejidad de los viajes, la adaptación de los seguros, coberturas y niveles de asistencia aplicables en cada caso o la aplicación de normativas internacionales, como consecuencia de los países de destino de los viajeros.

El reto al que se enfrentan las organizaciones es el saber integrar estas nuevas normas y la seguridad de los trabajadores en sus desplazamientos mientras no se resienta la economía de la empresa, es decir que estos viajes han de ser rentables, por lo que es necesario desarrollar una gestión integral de los viajeros. Esto se podría traducir en la conveniencia de dotar a las políticas de viajes de un tratamiento y una visión más global y participativa, con el objeto de eliminar eventuales vacíos o solapamientos competenciales en la gestión de los viajeros y asegurar las mejores prácticas posibles en materia de seguridad y asistencia. Una nueva competencia y que debe ser tutelada por la dirección general de la propia compañía.

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