¿Las políticas de Trump podrían afectar a las empresas españolas?


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Sandra de Miguel | Madrid


Desafiando a las encuestas y contra pronóstico el pasado 8 de noviembre Donald Trump ganó las elecciones en EEUU y, el próximo 20 de enero jurará su cargo y se convertirá en el 45º presidente del país. Durante la larga campaña electoral ha apostado por un discurso proteccionista, a nivel económico y, por una férrea defensa del “made in america”. Ahora la pregunta es si ese alegato se transformará en hechos y si, estos, podrían afectar a la internacionalización de empresas españolas o incluso a las exportaciones hacia aquel país. El Catedrático de Estudios Norteamericanos de Instituto Franklin – Universidad de Alcalá, José Antonio Gurpegui, lo tiene claro; los cambios se van a suceder, pero no tiene porqué tener repercusión económica en España.

¿Cree que la llegada de Trump a la Casa Blanca podría influir en las empresas españolas dada la postura que ha defendido en campaña?
No creo que la victoria de Donald Trump vaya a suponer ningún cambio o repercusión respecto a España. Estados Unidos es un país muy seguro y, un territorio al que han mirado grandes empresas, sobre todo, latinoamericanas, ante las incertidumbres que podían estar viviendo los mercados de sus países de origen. Estas vieron en EEUU un lugar donde asentarse con mayores garantías que en el resto de América, por lo que no creo que esta realidad vaya a cambiar y tampoco que vaya a influenciar en las empresas españolas.

Con la llegada de una nueva administración es de esperar que se produzcan cambios, ¿hacía donde pueden ir?
Es cierto que durante parte de su campaña Trump ha defendido el “made in america” con mensajes proteccionistas y la intención de llevar la producción a América. Esto quiere decir que hay cosas que van a cambiar, aunque no creo que el giro vaya a ser tan brusco como pueda parecer. En este sentido los dos puntos fundamentales sería por un lado NAFTA, el tratado de comercio con Canadá y con México y, por otro, el tratado de comercio de Asia – Pacífico, sobre todo, en el caso de China. Otro punto importante será el Tratado de Libre Comercio con Europa que el presidente Barack Obama no ha llegado a firmar; se planteó que tal vez se pudiese firmar antes de que este finalizase su mandato presidencial pero parecía muy difícil y efectivamente no va a poder ser. De cualquier forma, los cambios que se produzcan no van a ser tan determinantes para España como puede parecer y me explico; por ejemplo, durante la presidencia en España de José Luis Rodríguez Zapatero nuestra relación con EEUU atravesaba uno momento delicado, pero eso no tuvo ninguna repercusión en las empresa españolas que invertían en EEUU, es más se incrementó la participación económica española en ese país. Esto quiere decir que el desarrollo económico lleva sus propias directrices y en el caso de pymes españolas que están invirtiendo en EEUU, como pueden ser las de productos alimenticios o aquellas que fabrican máquinas industriales, no creo que vayan a verse afectadas sus inversiones en América por la política proteccionista que Trump vaya a desarrollar.

Y de cara a la internacionalización de empresas hacia EEUU ¿podría complicarse el desembarco de estas a partir de ahora?
No se sabe todavía, de cara a la internalización de empresas, que política o que legislación desarrollará Trump y como discurrirán las relaciones con Europa. De todas formas no es tan fácil por como está estructurada la política norteamericana, incluso por la propia industria. Un presidente de EEUU por muy presidente de que sea no tiene esa capacidad de poder cambiar de la noche a la mañana toda la política económica de un país. Por ejemplo, en política exterior Obama quería cambiar la llevada a cabo por George W. Bush y no le ha resultado fácil; ha podido cambiar algunos aspectos, pero la política exterior norteamericana sigue siendo fundamentalmente la misma con algunos aspectos diferentes como la retirada de tropas. Lo mismo podríamos decir de la política económica de Donald Trump, el cambio no va a ser radical.

En este sentido, ¿qué organismos tendrán que dar el visto bueno a las políticas económicas que decida tomar?
Tanto para su política económica como exterior tendrá que lidiar fundamentalmente con el Congreso y el Senado. Es cierto que ahora mismo las dos están en manos de los republicanos que es algo que no ocurre muy a menudo -que el presidente y las dos cámaras estén en manos del mismo partido- pero –ambas cámaras- tienen una cierta independencia y, además, dentro de dos años habrá elecciones para un tercio del senado y veremos si sigue conservándolo como hasta ahora. Estas dos cámaras tienen un control muy importante respecto a aspectos definitivos. Pensemos en Obama, la primera disposición que firma es el cierre de Guantánamo han pasado 8 años y no ha podido cerrarlo; algo parecido le puede ocurrir a Donald Trump que, por cierto, todavía no ha hablado mucho de su política económica y no se ha referido de forma específica a Europa como si lo ha hecho con Asia o China. Todavía está todo en el aire… Ya ha dicho que quiere cambiar a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal será muy interesante, y muy importante, ver a quién pone y qué medidas toma porque el aspecto económico va a depender también de este nombramiento.

¿Qué sectores podrían ser los más perjudicados por sus políticas?
Fundamentalmente, por lo que ha explicado, irá sobre todo contra el sector energético y habrá que ver como influyen sus decisiones en algunas empresas. En el caso de las energías alternativas tampoco es que vayan a desaparecer de EEUU, pero puede que sus medidas condicionen el crecimiento de estas y que se vuelva a apostar por energías tradicionales. Los otros dos sectores de los que ha hablado uno de ellos es la banca, también a tener en cuenta por la presencia de Banco de Santander y de BBVA y recientemente de la Caixa, y el sector de las infraestructuras donde también está Ferrovial. No creo que a estas empresas les vaya a suponer ningún problema la llegada de Trump a la Casa Blanca, o que haya problemas significativos pese a su proteccionismo. Su política iría en todo caso más hacía Europa y, en este sentido, España no se iba a ver tampoco sola en su desarrollo económico con esta nueva presidencia.

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