Los robots que vienen, o la oportunidad para ser relevantes de nuevo


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Ricardo Pérez

Profesor de Sistemas de Información IE Business School


Están en todas partes. Camiones o taxis que van solos a sus destinos, aperturas continuas de fábricas superinteligentes en Alemania, robots para solucionar quejas y hacer recomendaciones de productos en el sector de la banca… Se está configurando una nueva forma de hacer, con la automatización y las “máquinas que piensan” como conceptos clave. Todos sabemos que los retos son enormes. La prensa se encarga de ofrecernos casi a diario listas de profesiones que van a desaparecer y otras nuevas que suenan muy raro. La realidad, sin embargo, es muy testaruda y cambia a otros ritmos: el que marcan, por un lado, los clientes, adoptando o no una solución, y por otro, el que marca la rentabilidad de las inversiones de las empresas. El detonante está siendo la maduración de varias tecnologías que conocemos desde ya hace mucho tiempo: soluciones de software que aprenden de su entorno, ordenadores con capacidad de proceso más rápida, más datos, porque los sensores y las comunicaciones son mucho más baratas… Todo ello representa una tormenta perfecta para muchas actividades. Y lo peor es que estamos tan ocupados con el día a día que no dedicamos tiempo a pensar en los retos que estas tecnologías juntas pueden plantear. No nos fiamos: parecen amenazas muy exageradas de periodistas buscando titulares, consultores buscando ventas o gurús buscando conferencias. A medida que los costes de la tecnología bajan y su efectividad aumenta, los casos de uso se disparan. Pasa un tiempo hasta que un par de competidores consiguen ventajas con soluciones “locas”. A partir de ahí, su adopción se dispara.

Ha pasado otras veces. Esta vez, la velocidad es mucho mayor. La oportunidad para Europa y España es enorme, con retos en tres áreas fundamentales:

La producción volverá a casa. En primer lugar, la automatización significa que lo que antes era rentable por una mano de obra barata, ahora lo será por una tecnología más competitiva. Países que basaban su competitividad en horas/hombre baratas están perdidos: la automatización los vuelve obsoletos; la personalización y la velocidad en la entrega traerán de vuelta a Europa la producción de muchos bienes. Primero, los de más valor añadido; luego, el resto. La producción que un día emigró a Asia volverá a casa. La velocidad del retorno no está clara, pero la oportunidad es enorme. El reto será tener el personal que sea capaz de trabajar en estos entornos superconectados y llenos de robots. Mucha gente de alto nivel, software, datos. Mucho más empleo que se había ido.

El reto: ¿dónde están los cientos de miles de ingenieros y matemáticos que necesitamos? ¿Cómo vamos a crear planes de carrera atractivos en las áreas técnicas para no perder su talento hacia la gestión? ¿Cómo les vamos a retener en las empresas tradicionales?

El empleo se disparará. En segundo lugar, cuando esta fabricación esté de vuelta, necesitaremos toda una industria de apoyo, desde las máquinas-herramientas, que van a hacer las cosas, hasta los robots que las terminarán, el personal de soporte y los productores de segundo y tercer nivel. Será otra ola de producción y empleo, esta vez con más y más puestos de los que se forman en las escuelas profesionales. Esas que en España son denostadas y cuyo personal parece intercambiable en las empresas. Sus capacidades serán cruciales, y retenerlos en entornos complejos será una de las tareas clave de los nuevos gestores de personas. En Alemania, este tipo de políticas existen desde hace años. ¿Cómo vamos a darle valor de nuevo a nuestra Formacion Profesional? ¿Qué planes de carrera tenemos para este personal? ¿Cómo damos valor a los nuevos artesanos digitales?

Se crearán empresas más competitivas. Por último, necesitaremos un formato de inversiones que premien a los que construyen, a los que hacen, a los que aportan realidades, patentes y soluciones defendibles. El ecosistema de startups actual vive, en gran parte, de la economía de las apps y los servicios. A falta de talento para construir y para desarrollar tecnología, que sigue marchando a buscar oportunidades donde le valoran (fuera de nuestro entorno), necesitamos otra ola de creatividad centrada en las cosas, en los productos reales, en la propiedad intelectual. El Reino Unido y Alemania tienen planes específicos para crear clusters universitarios que trabajen en robótica para agricultura, para medicina, para manufactura. Intentan crear entornos donde la universidad forme a expertos que desarrollen ideas, para que estas sean financiadas por las empresas y convertidas en ventaja para las que ya existen o para nuevos jugadores. ¿Dónde está nuestro plan? ¿Qué papel tienen en la escuela y la universidad las asignaturas científicas? ¿Qué visión tiene la sociedad del que emprende?

El reto es enorme. Supone modificar la forma de entender la formación, creando escuelas y profesores que saben de cosas distintas y fomentando la formación práctica, que genera perfiles que saben hacer, además de pensar. No se puede lograr en unos meses, está claro. Pero el cambio tampoco llegará de la noche a la mañana. Y, sin embargo, está sucediendo. En China tienen un plan nacional para ser líderes en robotización y automatización. ¿Dónde está el nuestro? ¿ Y los planes para unir de verdad empresa y universidad? Las oportunidades son increíbles: puede ser una oportunidad para Europa para recuperar el liderazgo. Pero esto parece quedarnos un poco lejos. “¿Qué puedo hacer yo?, ¿me quedaré sin trabajo?”, se preguntan muchos.

El truco está en seguir siendo relevante, pensando en qué actividades e inversiones ya no serán importantes en este escenario de cambio. ¿Cuáles perderán valor? ¿Qué actividades nuevas serán necesarias? Si consigue hacer este análisis, ya solo le queda trabajar hacia atrás: entender qué es lo que debe aprender y –sobre todo– empezar a olvidar en su camino para ser relevante en este nuevo entorno. Aplíquelo también a su organización y salvará su empresa. Aplíquelo a un país y lo hará competitivo de nuevo.

Cuando termine, vuelva a empezar.

Artículo cedido por Harvard Deusto

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