Pero qué difícil es iniciar una conversación…


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Juanma Romero

10 de julio 2015


Muchas veces hemos tenido interés en hablar con alguien y no nos hemos atrevido a dirigirnos a esa persona. En parte es miedo y vergüenza, pero sobre todo se trata de falta de técnica para comenzar a hablar con otros. Lo primero que hay que pensar es que si no das ese primer paso no vas a poder profundizar en esa relación que tanto te interesa. Viene a ser algo parecido a lo que les ocurre a los quinceañeros cuando les gusta una chica, o un chico. Ellos no hablan porque les da corte y el resultado no es otro que se quedan sin la chica, o sin el chico, porque hay otro quinceañero más avispado, que sí inicia la conversación.

En el mundo de las relaciones sociales y los negocios los adultos sufrimos una situación similar. Nos da reparo acercarnos a hablar con esa persona que tanto nos interesa no sea que vaya a pensar que somos unos frescos o cualquier otra cosa.

La decisión que debes tomar es elegir entre la remota posibilidad de que piense que eres tonto o un caradura o no iniciar ese contacto. Tú elijes.

Si te decides a iniciar esa conversación y utilizas la técnica adecuada, tendrás el camino medio hecho. Cuando comiences a hablar con esa persona intenta hacerlo con algo positivo. No le preguntes por su divorcio ni por los diez millones que ha perdido su banco en una operación fallida.

No seas acaparador e intenta que en tu conversación aparezca más la palabra “tu” o “vosotros” que la palabra “yo” o “nosotros”, a no ser que ese “nosotros” le incluya tanto a él como a ti.

Benjamín Disraeli, que era un magnifico conversador, y conocía muy bien al ser humano, sobre todo como funciona su ego, decía: “háblale a un hombre de su persona y te escuchará horas enteras”.

También es esencial que intentes adaptarte al lenguaje de tus clientes, tus jefes, etc., para conseguir romper la barrera que os separa.

Y si de lo que se trata es de dejar un buen sabor de boca al final de esa conversación, tu obligación es generar ese magnetismo que dejará una magnífica impresión. Por cierto, intenta no ser pesado. No esperes demasiado para finalizar tu charla, porque es mejor que el otro o los otros se queden con ganas de más a que piensen “a ver cuándo acaba este pesado” o “a ver si acabamos ya”.

Puedes terminar una conversación diciendo que tus obligaciones te reclaman en otro sitio, etc. Y también ofreciendo algo valioso (tranquilo no hablo de valor material, aunque también podría darse el caso). Ofrece información de interés en un artículo o web, conecta a esa persona con otra de la reunión, invítale a visitar la organización a la que perteneces o reconoce su trabajo diciendo lo interesante que te resulta.

Ofrecer algo valioso te permitirá dejar un buen sabor de boca y quedarás como alguien generoso. Es posible que una semana después tu interlocutor no recuerde de qué estuvisteis hablando, pero le quedará un buen recuerdo de ti, una buena sensación.

Procura no acaparar a una persona o un grupo durante mucho rato, y menos si se trata de una persona importante y ves que hay otros reclamando su atención. Y tampoco te atasques en un único tema. La conversación no debe ser un discurso ni mucho menos aún centrarse en uno mismo. Evita convertirte en un pedante, un egocéntrico o un enterado. No interrumpas cuando alguien cuente una noticia o una anécdota por muy informado que estés o por muy identificado que te sientas con ella.

Cuando te vayas a entrevistar con alguien no monopolices la conversación, más bien al contrario. A la gente le gusta más hablar que escuchar. Sé listo y déjale que hable. Si tocas un punto de interés para él o para ellos ya casi no hará falta que intervengas tú. Por muy locuaz que seas y por mucho que te interese el tema y lo conozcas, intenta ceder el protagonismo a los demás, que no solo te aportará nuevos conocimientos sino que te abrirá muchas más puertas.

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