Realidad virtual, dinero real


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Silvia Leal

@slealm


La realidad virtual se ha puesto de moda. Estos días podemos leer, casi a diario, montones de noticias que hablan sobre ella, sobre su potencial y aplicaciones, pero sobre todo sobre los distintos tipos de gafas que podemos utilizar para probarla… ¿Y yo me pregunto: es para tanto? ¿Realmente le ha llegado el momento a esta tecnología?

La realidad virtual está en un punto de inflexión clarísimo. Es una tecnología que ha conseguido evolucionar mucho estos últimos años, consiguiendo sumergirnos en otros mundos de forma extraordinaria a través de dispositivos y aplicaciones, por fin, con un coste reducido (en particular, comparado a las experiencias previas). Por ello, me atrevo a afirmar, sin miedo a equivocarme que, efectivamente, ha llegado su momento.

Sin embargo, quizás no sean todo buenas noticias. La realidad virtual está llegando como una ola, con una fuerza que arrasa, y muchas expectativas que ya pusieron en riesgo e, incluso, hicieron fracasar tecnologías muy cercanas en el pasado. ¿Quién no recuerda las Google Glass? ¿Y quién no recuerda su historia? Llegaron para cambiar con todo, pero se quedó todo en un sueño de unos cuantos…

La realidad virtual es una tecnología capaz de simular entornos y situaciones de forma digital, pero de forma tan precisa que en nuestro cerebro se confunden con el mundo real. Por ello, con esta tecnología diseñadores, arquitectos y constructoras pueden comprobar el resultado final de su trabajo antes de empezar, lo que puede ayudar a detectar posibles correcciones pero también apalancar un proceso de venta. En el terreno de la formación y la educación es posible sumergir al estudiante en aquello que debe aprender, con experiencias realmente difíciles de olvidar. De la misma forma, llegan con muchas posibilidades a campos que necesitan un profundo entrenamiento, como el militar y/o el quirúrgico… ¿Alguien se atrevería a poner límites a la posible aplicación industrial de algo así? La generación de entornos virtuales puede tener aplicación, de mayor o menor forma, en todas las industrias.

Son tan solo ejemplos porque, afortunadamente, se trata de una tecnología que, al día de hoy, no tiene límites y donde nuestros emprendedores tienen mucho camino por recorrer. Arrancar un proyecto con esta tecnología, por fin, es algo que cualquiera con una inversión “básica” podría hacer realidad y donde lo importante es, realmente, el ingenio.

Por todo ello, estamos hablando de una tecnología que durante los próximos años va a generar muchísimo dinero. De hecho, se espera que para el año 2020 genere a nivel mundial un negocio superior a los 30.000 millones, por lo que no debemos perderla de vista. Sin embargo, abramos bien los ojos, por favor, lo más importante no son las gafas, lo más importante es lo que podamos llegar a percibir, a sentir y a vivir con ellas. ¿Probamos?

Silvia Leal

Doctora, experta en Inno-liderazgo y Transformación digital 

Asesora de la Comisión Europea en competencias digitales, liderazgo y emprendimiento.

Autora de e-Renovarse o morir;  Ingenio, y Pasión & Ingenio Sexo y Pasión (LID Editorial)

 

 

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