Las fugas de energía innovadora, una cuestión de rentabilidad


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Silvia Leal

02 de marzo de 2015


No falla nunca. Lo he hecho ya muchas veces y el resultado es siempre el mismo: los españoles nos consideramos a nosotros mismos personas muy innovadoras. La última vez fue hace pocos días en un auditorio enorme, en Sevilla. Allí lancé, de nuevo, la pregunta a los más de 300 asistentes y no hubo ni una sola persona en toda la sala, ni una sola, que no se considerase a sí misma innovadora. ¿Una sorpresa? En absoluto, por el contrario, como dicen nuestros “vecinos”: un déjà vu.

¿Por qué cuento todo esto? Lo hago porque avanzan los días, las semanas, los meses y los años y todo sigue igual. En España, apenas 4 de cada 1.000 empresas son innovadoras. Para los amantes de los números esto nos llevaría a 16.119 empresas según las cifras oficiales.

Son muchos los que se preguntarán, ¿Y por qué hay que innovar? ¿Por qué hay que apostar por este camino? ¿Por qué hay que incorporarse al “Club” de empresas que sí que lo hacen? ¿De verdad merece la pena? Consume tiempo, recursos y tiene un coste de oportunidad…

De acuerdo a las estadísticas publicadas por PITEC (Panel de Innovación Tecnológica) para una empresa media y representativa (no olvidemos que en nuestro país estas empresas son precisamente las pymes…), incrementar en un punto su gasto en innovación permite que sus ventas anuales crezcan un 3,7% más. Este efecto se incrementa en función de la intensidad tecnológica de la compañía. Por ejemplo, en sectores de alta tecnología el impacto es casi el doble (7,9%). ¿Alguien sigue teniendo dudas sobre la necesidad de innovar?

Hasta aquí nada sorprendente, ¿verdad? Más cifras que demuestran lo evidente:
innovar es rentable. Entonces, ¿por qué no “cala”? ¿Por qué hemos avanzado tan poco en este terreno? Y lo que es más importante: ¿Tiene solución?

La tiene, es fácil, y por si fuera poco también es gratis. Son muchas las empresas que no innovan porque tienen ante sí otro reto más poderoso, cortoplacista, que es la supervivencia. En muchas de estas empresas, además, los números no están pasando por su mejor momento y, para ellas, innovación e inversión en I+D+i son dos elementos que van de la mano. ¿Podemos decirle a una empresa que apenas “llega a

fin de mes” que se gaste más dinero en innovación? Por poder, se puede pero yo,
personalmente, no me atrevería. No podría defenderlo mucho tiempo.

Sin embargo, no es el único camino. La innovación no es fruto directo de la financiación, sino de la energía innovadora de las personas. Esto no implica que no haya que invertir en I+D+i, mi mensaje es distinto: hay que aprender a sacarle el máximo partido. ¿Cómo hacerlo? Hay que aprender a eliminar las fugas de energía innovadora. Hay que asegurarse de que todas y cada una de las personas que forman parte de la innovación se comprometan con ella, de verdad, y que aporten su 100%.

Es un reto es fácil y difícil a la vez. Fácil, porque depende de nosotros, de las personas, y es algo que está a nuestro alcance… Difícil, porque tenemos que aprender a hacerlo y eso trae consigo un importante esfuerzo, pero merece la pena. ¿Te atreves a probar?

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