Vuelve a ganarte mi atención a cada instante


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Juanma Romero | Madrid

22 de junio 2015


Cuando hablamos ante una audiencia pensamos que con ganarnos al público al principio es suficiente. Y en realidad esa creencia no es más que un error de principiante. Está muy bien ganártelos nada más empezar, es fundamental para que todo vaya bien, pero te los tienes que seguir ganando cada cierto tiempo para que no se despisten y empiecen a ponerte los cuernos con el móvil, que se ha convertido en el gran enemigo de cualquier orador.

Y para que estén a tu lado debes mostrar tus emociones y pensar que estás hablando a personas no a máquinas. Y eso significa que, además, tienes que sustituir tus pensamientos negativos por otros positivos y debes estar convencido de que tú puedes hacerlo. Si no es así, no hay nada que hacer; mejor dedícate a otra cosa. Lo primero es estar convencido de que tú puedes hacerlo, y luego ya vendrá el resto.

Y no me refiero a las personas que nos dedicamos profesionalmente a dar charlas sino a todos los que en un momento dado se han de enfrentar al público porque tienen que presentar un producto o las cuentas de resultados de su empresa, por ejemplo.

Para triunfar al hablar en público no le des a las cosas más importancia de la que realmente tienen; o mejor aún, quítale hierro a esos errores que comentes. Porque en ocasiones erramos y pensamos que todo el mundo se ha dado cuenta. Lo cierto es que, probablemente, nadie lo habrá notado. Y si se han percatado, tampoco pasa nada; todos somos humanos y nos equivocamos.
El único error que no puedes cometer es no preparar concienzudamente tu exposición. Tienes que ensayar, ensayar y ensayar. Y conocer tus limitaciones. Desde mi punto de vista es lo principal para llegar al público que tienes delante.

Piensa que hay estudios que demuestran que nuestro pensamiento trabaja a una velocidad cuatro veces superior a la palabra hablada. Es decir, en un minuto el oyente necesita quince segundos para captar lo que decimos en ese minuto.

Generalmente el orador experimentado y con recursos lo sabe y, además, no mira a todo el auditorio y se limita a buscar aliados. Lo que hace es buscar a su alrededor un rostro amable. Incluso en un entorno hostil siempre hay alguien de quien podemos obtener una sonrisa amistosa o tolerante. Es a esa persona a la que debemos hablar, aunque sin olvidar mirar a todos con la denominada ‘mirada del faro’.

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